Conversaciones III





Mujer, cierra los ojos

¿no escuchas?

el viento mueve la veleta

gira y gira sin parar

pasan los gatos reptando la cornisa

la silla está dispuesta

el camino acolchado

y la sangre latiendo

¿no escuchas?

no vendrás



Emilia Oliva


















Néstor Hervás, mago de la palabra.

La mano que en la tuya
se tiende y atestigua
su estancia en el calor
despierto a su contacto,
es la única certeza
que tienes de que el mundo
que grita más allá
merece ser vivido.

Impide que levante
su vuelo sin que deje
recuerdo de su paso.

Néstor Hervás, Plasencia octubre 2011

Exposiciciones para este verano




Esposición colectiva en la que participo y que podéis ver de lunes a viernes de 9,30 a 14,00 h en la Sala El Brocense de Cáceres


 


Exposición Tacones Cercanos en la que participo en la librería Un gato en bicicleta de Sevilla hasta el 30 de agosto.
www.grupoociocreativo.blogspot.com

Muros húmedos




Una tarde me encontré por la calle Cartas a María Jesús Manzanares y me dijo: "¿También a ti te gustan las calles secundarias?". Por eso le he dedicado este poema.



CALLES SECUNDARIAS



Esta ciudad pequeña en la que vivo

carece de lustrosas avenidas,

de ensanches que merezcan dicho nombre,

de bulevares, travesías, rondas

como en las urbes que llamamos grandes.

Esta es una ciudad de callejuelas,

de callejas oscuras y pasajes umbríos,

de callejones con olor a orines

y recovecos entre muros húmedos.

De rúas y de calles sin aceras

con estrechez de zoco o judería

más propias de lugares de otro tiempo.

De origen medieval, ese trazado

es propicio al paseo y al silencio,

a las divagaciones y derivas,

a perderse sin más entre las ruinas

de un nimio, inextricable laberinto.





De Álvaro Valverde http://mayora.blogspot.com/


(Publicado en el nº 4 de la revista Isla de Siltolá, Sevilla, 2011)

SEDIMENTOS

Y cito textualmente:

"Culpa

La madeja de la culpa devana hilos tan complejos, teje lienzos tan dispares, que parece imposible desentrañar la intrincada maraña de sus sutilezas. En ocasiones, por ejemplo, es la condena y no el delito quien convierte al acusado en culpable. Ciertas personas, a veces, «siguen siendo culpables no sólo más allá de la absolución, sino incluso más allá de la misma inocencia». En contrapartida, por tanto, no es de extrañar que, en otras ocasiones, la negación del perdón pueda convertirse en una legitimación de la ofensa previa."